Cuando nos tiramos a una pileta, de bomba, desbaratados, inmediatamente nos hundimos en las profundidades del agua.
Algunos al instante se apuran para volver a la superficie a respirar, luchando contra la corriente que ellos mismos acaban de generar.
Otros, un poco más inteligentes, conservan la calma, se dejan llevar por ese impulso, y una vez que tocan el suelo y las aguas se calmaron se empujan fuertemente para subir a la superficie a mayor velocidad y menor esfuerzo.
Tenemos que tener la capacidad de hundirnos tanto como sea necesario, sabiendo que es la mejor manera de poder salir.
A veces necesitamos tocar un poco fondo, para poder volver airosos a la superficie.
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