Estos edificios que se suceden sin ninguna lógica, demuestran una falta total de planificación. Exactamente igual a nuestra vida, la vamos haciendo sin tener la más mínima idea de cómo queremos que nos quede. Vivimos como si estuviésemos al paso en Buenos Aires, somos los inventores de la cultura del inquilino. Los edificios son cada vez más chicos, para darle lugar a nuevos edificios más chicos aun; los departamentos se miden en ambientes y van desde los excepcionales cinco ambientes con balcón terraza, playroom, dependencia de servicio, la baulera, hasta el mono ambiente o caja de zapatos.
Los edificios, como casi todas las cosas pensadas por el hombre, están hechas para que nos diferenciemos los unos de los otros. Existe un frente y un contrafrente, están los pisos bajos y los altos. Los privilegiados son identificados con la letra A o excepcionalmente la B. Cuanto más progresa el abecedario, menos categoría tiene la vivienda.
La vista y la luminosidad son promesas que rara vez coinciden con la realidad. ¿Qué se puede esperar de una ciudad que le da la espalda a su río?
Estoy convencido de que las separaciones y los divorcios, la violencia familiar, el exceso de canales de cable, la incomunicación, la falta de deseo, la abulia, la depresión, los suicidios, las neurosis, los ataques de pánico, la obesidad, las contracturas, la inseguridad, el stress y el sedentarismo son responsabilidad de los arquitectos empresarios de la construcción.[…]
Todos los edificios, absolutamente todos, tienen una cara inútil, inservible que no da ni al frente ni al contrafrente: la medianera. Superficies enormes que nos dividen y nos recuerdan el paso del tiempo, el smog y la mugre de la ciudad. Las medianeras muestran nuestro costado más miserable, reflejan la inconstancia, las grietas, las soluciones provisorias, la basura que escondemos debajo de la alfombra. Sólo nos acordamos de ellas excepcionalmente, cuando vulneradas por las inclemencias del tiempo dejan filtrar sus reclamos.
Las medianeras se han convertido en un medio más de la publicidad, que en raras excepciones a logrado embellecerlas. Por lo general, son dudosas indicaciones de los minutos que nos separan de los grandes supermercados o de las comidas rápidas, anuncios de lotería que nos prometen mucho a cambio de casi nada, etcétera, etcétera, etcétera. Aunque últimamente nos recuerdan la terrible crisis que nos dejó así, desocupados.
Los aires acondicionados son las irrupciones irregulares que padecen las medianeras, producto de la antigüedad de los edificios que no contemplaban sistemas de refrigeración adecuados para una ciudad cada vez más calurosa.
Contra toda esta opresión que significa vivir en estas cajas de zapatos, existe una salida, una vía de escape, ilegal, como todas las vías de escape. En clara contravención al código de planificación urbana, se abren unas minúsculas e irregulares e irresponsables ventanas, que permiten que unos milagrosos rayos de luz iluminen la oscuridad en la que vivimos. […]"

2 Señales de vida:
es rara, pero me gusta (:
que bueno matias!! dios!! me encanto.-
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